VENTERO, EL SEMENTAL QUE HA MARCADO LA GANADERÍA DE Mª SAGRARIO HUERTAS VEGA EN LA ÚLTIMA DÉCADA

Hoy les contamos la historia de un semental que padrea en la ganadería toledana de Mª Sagrario Huertas, regentada por los hermanos Victor y Jose Pedro. Su nombre, Ventero, de pelaje cárdeno salpicado, bragado corrido y meano, marcado con el número 29 y guarismo 3. Un perfecto prototipo de la línea Buendía del encaste Santa Coloma. Bajo, corto de manos, bien armado, con cuello, degollado, y muy armónico en su conjunto.

Perfil de Ventero.



















Ventero de cara.
Llegó a la ganadería dentro del vientre de Ventera, vaca comprada a la ganadería de Sotillo Gutiérrez en el año 2002. La procedencia de esta hembra era en su mayoría Buendía, aunque también tenía ascendentes del Marqués de Albaserrada y Samuel Flores (esta procedencia en menor medida). Morfológicamente era baja, estrecha de sienes, astifina y muy bien armada. 

Vaca Ventera con el hierro de Sotillo Gutiérrez, madre de Ventero.


El padre era el conocido nº 50, de nombre Venterillo, también de la ganadería de Sotillo Gutiérrez. Al igual que la madre, sus progenitores eran, en su mayoría, de la línea Buendía, aunque también con algún ascendente con procedencia Samuel Flores. Cabe decir que en la ganadería de Sotillo Gutiérrez ocasionalmente se daban algunos ejemplares colorados y castaños, derivados de la antigua procedencia de Samuel, aunque morfológicamente respondieran al tipo de Santa Coloma, por haberse realizado un cruce por absorción sobre las reses primitivas.

Es de resaltar que la madre de Venterillo, era la abuela materna de Ventera. Y es que el hecho de que Ventero tenga cierto grado de consanguinidad, puede hacer que haya fijado, y fije, tanto los caracteres. Pero vayamos por partes, antes de comentar como es Ventero como semental, veamos lo realmente curioso: cómo llegó a tentarse.


Fue en el año 2005, se programó en la casa una tienta de machos, que empezó con un par de becerras para calentar al caballo, picador y toreros, y a las que seguirían los erales.

Se prepararon los tres que a priori menos gustaban de los nueve o diez que había separados. El primero no fue malo, pero al final se vino un poquito abajo, por lo que decidieron no torearlo. Segundo y tercero tuvieron poco que ver, pues al tercer puyazo cantaron la gallina.

Apartaron otros tres novillos. Eran el número 10, 7 y 17, que saldrían por ese orden. Aún quedaban cuatro apartados, pero aquí iban algunos de los a priori "favoritos".

Y salió Juncalito, que así se llama el número 10. Recibió ocho puyazos, y si bien en algunos se lo pensó un poco, cuando iba lo hacía con entrega y decisión. Parecía que se iba a rajar en la muleta, pero aun así, los ganaderos decidieron torearlo. El novillo era el más delgado de los que se tentaron. En las cuatro primeras tandas demostró clase, aunque poco a poco se fue apagando, y en las tandas siguientes protestaba un poquito cuando se le obligaba mucho. No obstante aguantó toda la faena en los medios, a pesar de la manifiesta falta de fuerzas que demostró, y destacó ante todo su extraordinaria nobleza. Al final, tras pasar con buena nota la prueba del caballo cumplió sobradamente en la muleta, por lo que hizo méritos para que se le probara como semental.

El siguiente, número 7, hizo un par de cosas feas, y estuvo muy poco tiempo en la plaza. Hubo quien dijo que no había dado tiempo para verlo.

Salió Cartelero, número 17. El novillo tenía mucha plaza, y tras hacerle dar tres o cuatro vueltas al ruedo se fue al caballo. Cogió a la yegua por detrás y la derribó. Tras unos momentos de apuro, hubo que sacar al novillo de la plaza (lástima, porque tenía muy buen tranco) para levantarla. Ya eran seis los machos que había tentado, apretándola alguno hasta el límite de casi derribarla, y se decidió echar un último novillo para que la yegua no se quedara con el mal recuerdo de la caída.

Los ganaderos, eligieron el más pequeño, que por cierto era un cromo y que en un principio no tenían previsto tentar. Este era Ventero. Salió al ruedo y rápido recibió el primer puyazo. Tras centrarse lo hizo muy bien en el tercer puyazo, pero en el cuarto marcó algunos defectos. Le dieron otro más, con la idea de que si volvía a marcarlos se iría al campo, pero lo hizo muy bien; igual que en el sexto, y en el séptimo, y en el octavo...

Ventero de añojo.


Tentaban Rafa González, Nuno Casquinha y Gómez Escorial. El novillo marcó muchas virtudes en el capote de Rafa al colocarlo en el lugar elegido por Nuno. Pedía sitio y suavidad, y Nuno supo dárselos. El novillo, que en las primeras tandas marcó mucha calidad pero escasez de fuerzas, se fue afianzando. Y empezó la apoteosis. En la cuarta tanda, por la izquierda, el novillo se desplazaba un par de metros más de donde el torero puede llegar a rematar los muletazos. Ya no se caía, sino todo lo contrario. No dejaba de galopar, y para empezar las series bastaba con un ligero toque para que el novillo comenzara un galope enrazado y codicioso, a la vez que con una clase y suavidad muy difíciles de aunar en un mismo animal. Los ganaderos sabían en esos momentos que estaban ante un ejemplar extraordinario. Se sucedían los olés a los largos muletazos que Nuno trazaba, rematando detrás de la cadera y sacando la muleta por debajo de la pala del pitón. El novillo, que al principio parecía que duraría poco por la falta de fuerzas, solo quería batalla, en los medios, fijo en la muleta y sin abrir la boca.

Salió Gómez Escorial quien le pegó otras cuatro o cinco tandas de muy buen trazo y mucho sometimiento. Daba igual, el toro parecía una máquina de embestir. Desde un burladero se oyó a Rafa decir "ya puedes ir quitando el toro que tengas con las vacas y echando éste". Victor Benayas Huertas, hijo de la ganadera y regente de la ganadería, no pudo resistirse. Cogió la muleta y le pegó un par de tandas al novillo, una por cada pitón. Era la primera vez que se ponía delante de un novillo y estaba en pleno éxtasis. Extasis torero, pero, sobre todo, éxtasis ganadero. Detrás de él salió Rafa; y Luis Gómez Molina; y Fabio; y José Pedro; y Felipe; y Manolo; y después Nuno y Rafa se dedicaron a banderillearlo. Daba igual, el novillo parecía no ser mortal. Más de cuarenta minutos estuvo en la plaza, y los cuarenta en los medios. Y con la boca cerrada. Y fijo. Y yendo a más. En fin,  demostrando todas las virtudes que debe demostrar un toro bravo.

Imagen de Ventero en el verano del 2013.


Se le probó como semental para acabar de observar si transmitía sus cualidades a sus descendientes y la verdad que lo ha conseguido con creces. La gran virtud del toro es que ha dado muchísima regularidad en comportamiento y ha marcado mucho morfológicamente, dando animales bajos y muy en tipo de Santa Coloma. En las capas da muchos accidentales, y en general buenas caras, cosa que antes era excepcional. Respecto al comportamiento, ha dado animales mucho más bravos, con mucho más motor. En general también muy toreables, aunque no falta algún ejemplar con las complicaciones típicas de la casta.

En cuanto a las vacas, ha ligado bien tanto en las de procedencia Sotillo como en las que venían de casa. En cuanto a sus descendientes, está mucho más contrastado en hembras (muchas de ellas con notas muy altas) que en machos, dado que en los últimos años los ganaderos han tenido que echar muchos de ellos a las calles. Adicionalmente, los machos que se han lidiado, generalmente, eran de la cabecera de la camada (ya que iban a pueblos toristas), con más volumen, a los que suele costar un poco más embestir, y a los que saliendo cárdenos, serios y astifinos, suelen masacrar en el caballo, por lo que resulta más difícil valorar su comportamiento.

Los erales que se le han lidiado han embestido bastante bien, aunque se han visto contrastes entre algunos más bravos y otros más dulces.

Respecto a la primera novillada picada que se lidió de Ventero en Illescas, muy en tipo, tuvo muchísima emoción y el público salió encantado, aunque los novilleros tuvieron que lidiar con las dificultades típicas de la casta.

Novillo lidiado en Illescas. Fijénse cómo humilla.
Respecto al hecho de tentar algún hijo de Ventero, los ganaderos se plantearon no realizarlo para tratar de evitar que cubran simultáneamente él y un hijo suyo. Pero la idea es que, en los próximos años, tentar sus mejores hijos ya que ya va siendo viejo.





Hasta aquí esta historia de un semental que ha marcado la ganadería de Mª Sagrario Huertas en los últimos tiempos y que se ganó a ley, el vivir padreando durante los años que la vida le permita. Agradecer a Victor Benayas por proporcionarnos toda la información necesaria para realizar este reportaje.

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